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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Preparando la segunda parte

La semana pasada empecé las caminatas como entrenamiento para mi próxima aventura por el Camino de Santiago. Suelo ir a caminar por el Camí de Cavalls, el sendero GR223 que bordea la isla de Menorca con un total de 185 km, que discurre en su mayoría en plena naturaleza y cerca de la costa. Precioso, espectacular, un paraíso. Si os gusta el senderismo y no conocéis Menorca, os lo recomiendo. Está totalmente señalizado desde su declaración de GR en 2010. También tenéis información en la web y guías, la que yo utilizo y es para mi la mejor es la de Editorial Alpina.

De vuelta a las caminatas recordé lo bien que me sienta y me hace feliz. Iba también mirando las sensaciones con el pie ya en su sitio. Todo ok. Aunque aún había un punto, cerca de la rodilla que me lesioné en el Camino en diciembre, en el que notaba molestias.

En fin, que he vuelto a ver a Carlos y estamos trabajando el ligamento interno de la rodilla derecha, que está dañado. En 2 o 3 sesiones parece que estará arreglado. Bien! De momento masaje, ultrasonidos y tratamiento local con hielo y flogoprofen 3 veces al día.

En fin! Estoy contenta porque llegaremos hasta el origen del problema. 

Tengo previsto partir en un mes; mientras tanto y voy entrenando, acabaré de hacer los ajustes necesarios con mi fisio para poder empezar la segunda parte de mi Aventura a Santiago en óptimas condiciones. También me va a enseñar una tabla de estiramientos para hacer durante el Camino; ya os pasaré la chuleta :D


martes, 2 de septiembre de 2014

Habrá segunda parte

¡Esta mañana mi fisioterapeuta me ha dado el alta! Hemos estado trabajando mi pierna derecha estas 2 semanas y para él ya estoy recuperada, lista para volver a andar. ¡Puedo retomar mi Aventura a Santiago!

Le contaba yo que estando en el Camino me encontré con gente que, bajo mi punto de vista, hacía verdaderas locuras. Coincidí con un peregrino con un tobillo hinchadísimo durante días que no mejoraba y seguía completando etapas de 30 y 35 km (él llegó a Finisterre); otros con unas ampollas que daba miedo sólo verlas, normalmente por haber estrenado calzado en el camino (a uno se le rompieron sus zapatillas en un día de lluvia); algún otro con sobrecargas musculares que se dopaba a diario de anti-inflamatorios y seguía avanzando….


Cuando yo veía todo este cuadro pensaba que debía ser una floja, ya que, al aparecer los primeros síntomas de tendinitis, fui bajando el ritmo y reposando algún día, lo que implicaba ir quedando atrás y dejar a buenos amigos que había hecho en el Camino.

Seguía caminando y encontrándome a gente en condiciones muchísimo peores que yo que, forzando el cuerpo, avanzaba a pesar de los síntomas y dolores que padecía, llegando incluso éstos a desaparecer con el tiempo. Entonces llegó un momento, después de haber hecho una etapa totalmente en solitario y ser la única peregrina en el albergue que me alojé, que pensé que igual tenía que aprender a ser más fuerte y andar a pesar de todo, puesto que las molestias no remitían… Así lo hice y caminé unos 30 km con dolor, lo que me mandaría al día siguiente a Urgencias, y ellos, para casa.


Carlos, mi fisioterapeuta, me ha dicho que tal vez yo me quedara a mitad del Camino y mi compañero llegara a Finisterre, pero quién sabe si a día de hoy él padece una lesión aún más grave. Por su trabajo ha conocido a gente que hace verdaderas locuras y castiga al cuerpo por alcanzar una meta. Santiago de Compostela y Finisterre estarán siempre ahí, no van a moverse del sitio. Y estoy completamente de acuerdo con él.


Yo ahora puedo y pienso volver, pero a otro ritmo y disfrutando, viviendo cada momento del Camino sin pensar únicamente en llegar. Y será este próximo otoño. ¡Habrá segunda parte de mi Aventura a Santiago!





domingo, 24 de agosto de 2014

Donde empieza el camino

El Camino de Santiago comienza en el momento en que decides emprender esta aventura.

Recuerdo que fue en una escapada a Mallorca en diciembre de 2012 cuando empezó a tomar forma esta idea en mi cabeza. Fue caminando por la Serra de Tramuntana, paisaje tan querido y recorrido en mi etapa mallorquina, que pensé que porqué no yo. Si, me parecía una verdadera locura… casi 800 km del Camino Francés por delante, para una mujer que había llevado una vida más o menos sedentaria. Contaba con algo a mi favor: me encanta caminar, perderme por senderos en plena naturaleza, disfrutar de la belleza de los paisajes y de los sonidos del silencio.

Consciente de que mi condición física en ese momento no era la idónea, consulté con una monitora del gimnasio que tengo al lado de casa si veía posible que, con entrenamiento, pudiera yo empezar esta aventura. Si os digo la verdad, dudaba mucho de mis capacidades. Ella me había estado preparando para mi escapada de treking a Mallorca. La respuesta que recibí fue: CLARO! Ahí tomé mi decisión. En febrero de 2013 empecé el entrenamiento guiado con el objetivo de lanzarme al Camino de Santiago durante el próximo invierno 2013-2014.

Más adelante, ya en el Camino, descubrí que cada persona se había preparado de forma bien distinta a la mía: un joven italiano se había decidido una semana antes a peregrinar a Santiago; un salesiano se había prometido a sí mismo que haría el Camino a los 20 años de su labor misionera en Angola; otras personas estaban realizando su tercer o cuarto peregrinaje, era ya casi como una forma de vida para ellos; Antonio de Igualada decidió sin más salir de su casa y dirigirse a Compostela por la mera razón de no pasar las Navidades con su familia; y Stefano, un romano corredor de maratones, había decidido 15 días antes hacer el Camino por razones religiosas (con él compartí mi primera etapa, le recuerdo con especial cariño).

Con Stefano en el Alto del Perdón

Pienso que, quizás, esos meses previos fueron los más duros: carecía de toda información y experiencia. Fue ardua tarea ponerme en forma y sobre todo perseverar en la rutina del entrenamiento. Las dudas me asaltaban sobre el material y el peso de la mochila, y una parte de mí seguía creyendo que no era capaz de andar tantos kilómetros con una mochila a cuestas.  


viernes, 22 de agosto de 2014

Inicio

Esta semana mi admirado fisioterapeuta Carlos ha devuelto la articulación de mi pie derecho a su sitio, estaba desencajado. Dice que puede haberse producido por una torcedura, esguince.. algunos de los varios huesos que componen el pie, después de un movimiento brusco, puede que no vuelvan a su sitio.

Esto que parece tan sencillo  fue una de las razones por las que, al cuarto día de iniciar el Camino de Santiago el pasado diciembre, empezaran unos dolores en la rodilla derecha que desembocaron en tendinitis y en tener que abandonar el Camino en Carrión de Los Condes. Entre tanto, visitas a médicos, a urgencias, antiinflamatorios, reposo una semana, retomar la ruta…. y yo persistiendo. Aún así, completé la mitad del Camino, 310 kms aproximadamente.

Ya en casa, últimamente salía poco a caminar porque notaba que el pie derecho andaba “torcido”, y se me sobrecargaba la pierna. Enfin, con lo que me gusta caminar, he estado a punto de abandonar… hasta que he acudido a Carlos. Ahora veo más cercano mi propósito de acabar el Camino y llegar a Santiago!

Empecé mi peregrinaje en Pamplona en diciembre de 2013, si bien (como tan acertadamente dicen algunos), el Camino empieza en el momento en que decides emprender esta aventura.

Estuve todo un mes fuera de casa: Navidades, Fin de Año… hasta que volví el 7 de enero. Antes de partir, estuve preparándome y entrenando físicamente para este reto que me parecía imposible de superar.

Ahora para mi memoria, para vosotros peregrinos, para los futuros caminantes, escribo aquí mi experiencia. Iré publicando sobre mis avances actuales hacia mi recuperación, dando saltos hacia atrás en el tiempo hasta los momentos de mi entrenamiento, y por supuesto, compartiendo la vivencia de mi primera parte en el Camino, todo ello con la esperanza puesta en que, los últimos posts que escriba, sean desde Finisterre o la Plaza del Obradoiro.


Ésta es mi aventura, mi Aventura a Santiago. Bienvenidos.